8 de febrero de 2011

Lógica de las entidades- objetos y/o Lógica de la información


Tiendo a pensar que los principales problemas de la humanidad como especie parten de la lógica con la cual nos pensamos a nosotros mismos y al mundo, y por lo tanto, la forma en la cual nos percibimos y sentimos (teniendo en cuenta que los sistemas cognitivos constituyen una unidad ideica-perceptual-emocional). 
Los seres humanos acordamos colectivamente, desde la función del sistema que se encarga de ello, lo que llamamos habitualmente yo, que somos entidades separadas las unas de las otras, y por lo tanto, en última instancia objetos. Esta lógica, que llamaré lógica de los objetos, implica la modalidad de interacción y construcción de la realidad fundada en la lucha de poder entre posiciones, la competencia, la posesividad, la ambición, el apego y demás variables que son la base de las dramáticas humanas a través de los tiempos. Estos problemas no tienen solución posible dentro de esta lógica porque estructuralmente los contiene y los provoca.
Entonces solo sería posible encontrar la solución a estos problemas en una nueva lógica.
La respuesta al problema, o aprendizaje necesario, no puede, en este caso, encontrarse en el mismo nivel en el cual el problema se plantea. Siguiendo a Bateson diremos entonces que será necesario desarrollar un aprendizaje de nivel III, es decir, propiciar la emergencia de un nuevo contexto lógico en el cual las partes en conflicto se reordenen y adquieran una nueva significación.
¿Será posible entonces plantear una nueva lógica, un nuevo contexto, para pensarnos a nosotros mimos ya no como meros objetos sino como información que circula en la red de la existencia? 
Esta lógica diferente implicará, obviamente, otra modalidad de interacción entre seres humanos que, podríamos considerar, como más “amorosa”. Tal vez así, podamos desarrollar  una  comprensión de la realidad más acorde a las necesidades planetarias de hoy.

Investiguemos un poco de dónde viene la idea de ser objetos y si es posible que otra idea más funcional a las necesidades actuales de la humanidad pueda ser adoptada.
Un ser humano es un sistema complejo que excede a la habitual idea de “yo” que manejamos cotidianamente para dar cuenta de lo que somos. Sin embargo nos pensamos-percibimos a nosotros mismos como meros yoes, básicamente porque es desde esa función del ser desde la cual nos percibimos a nosotros mismos, la función de autoconsciencia.

Demos un rodeo para pensar un poco acerca de este  yo que postulo antes de continuar.
Podemos decir que un ser humano es, en un plano o nivel, un cuerpo, esto es, una entidad material ubicada en un determinado espacio-tiempo. Este cuerpo incluye como órgano central para su funcionamiento un cerebro: tejido celular específico (neuronal) de alta complejidad.  Un cerebro-cuerpo, que estructuralmente existe en permanente intercambio con otros cerebros-cuerpos,  produce un “yo” (en el mejor de los casos, cabe aclarar, diversas son las tempranas vicisitudes que un ser humano puede atravesar para que esta función ni siquiera llegue a construirse en forma acabada) que voy a definir, en principio, como el complejísimo circuito neuronal (esto es información química que circula a través de las neuronas de acuerdo a un patrón) que  registra, inscribe o conserva en lo que denominamos memoria un conglomerado de datos acerca del cuerpo en el que tiene lugar ese circuito neuronal.
La construcción de este circuito conlleva un largo proceso interactivo, es decir, que se produce en el interior de la “manada” humana. Así, cada yo será producto o resultado de una compleja interacción entre seres humanos.
Someramente podemos decir que un cuerpo inmerso en la manada recibirá a través de los sentidos la información circundante generando respuestas o reacciones que se organizarán en forma de lo que denominamos sensaciones. A través del proceso o función de la memoria, las sensaciones que se producen en ese cuerpo como reacción a su “ser-estar” en el mundo, se registrarán o conservarán y se irán  clasificando de acuerdo a si resultan placenteras o displacenteras, es decir, si gratifican o no al cerebro que las registra (por ej, la sensación de hambre que genera un determinado circuito neuroquímico displacentero y que se aplaca con la ingestión de alimento generando un nuevo circuito neuroquímico placentero).
Estos primeros registros o marcas sensoriales constituyen las bases para que el cerebro construya una imagen del cuerpo que lo contiene a partir de las imágenes que percibe de los otros cuerpos en la manada (proceso de identificación-desidentificación, estadio del espejo de Lacan). Así, el cuerpo como entidad material biológica termina siendo a su vez, una idea-pensamiento, realidad inmaterial-imaginaria, un cuerpo-imagen reflejo del cuerpo material conservada en la memoria (lo que en psicoanálisis denominamos narcisismo).
A esta imagen se ligará el nombre que  la manada-familia “le puso” a ese ser y un relato verbal más o menos lineal que organizará en forma de historia las experiencias atravesadas por ese cuerpo en su ser-estar en el tiempo-espacio. El yo será entonces también, aquella función del ser que registra en la memoria las vivencias que el cuerpo atraviesa transformándolas en experiencias-recuerdos-relatos.
Así, el “yo” es una idea-pensamiento-constructo mental, que se vuelve sobre sí mismo, se piensa a sí mismo. Es pensamiento-idea acerca del cuerpo que piensa. El pensador es lo pensado. El cuerpo se piensa (a través del cerebro que es el órgano del cuerpo que posee esta facultad) y con ese pensamiento crea tiempo mental, es decir, se recuerda en el pasado y se proyecta en el futuro. De esta manera, el ser humano deja de ser meramente un cuerpo material presente en un determinado espacio-tiempo y pasa a ser también las ideas que ese cuerpo genera acerca de sí mismo y lo que lo rodea.
Esta complejidad estructural del ser humano (imbricación de un plano material-concreto y un plano imaginario organizados a partir de categorías simbólicas que organizan la manada) trae diferentes consecuencias que la psicología moderna ha investigado discriminando lo que consideramos como psicopatologías e intentando curarlas. Sin embargo, en este ensayo no apunto a investigar lo psicopatológico, sino, la lógica de funcionamiento en la que estamos inmersos como especie y las consecuencias que conlleva a pesar de no ser consideradas socialmente como patológicas.

La manada humana establece acuerdos perceptivos a partir de los cuales crea la realidad. El acuerdo básico es aquel que hace que cada cuerpo se perciba como una entidad u objeto autónomo discriminado de los demás, una especie de círculo cerrado que posee un “interior” claramente separado del “mundo exterior” habitado por otras entidades u objetos. Esta es la función principal del yo, que, evolutivamente ha posibilitado el desarrollo de diferencias y singularidades al interior de la manada.
Ahora bien, como nos pensamos y nos percibimos a nosotros mismos como objetos recortados del espacio, organizados en una lógica adentro/afuera claramente definida, pensamos y percibimos a los otros como tales. En la memoria se conserva la “propia” imagen y la imagen de los que “me” rodean. Cada imagen-entidad está asociada a una historia, un relato, afectos y roles arquetípicos. En otros ensayos hemos denominado a esta estructura como burbuja-coraza, y desarrollábamos como se daba la interacción entre humanos mediada por esta burbuja-coraza virtual compuesta por ideas, fantasías, ilusiones, deseos. La contundente percepción de base corporal nos hace muy difícil percibirnos como algo diferente a una entidad. Sin embargo, el error lógico parecería ser el de la cristalización de la información que el cuerpo genera, la cristalización de ideas, fantasías, deseos. Si esta información es creada interactivamente, en el espacio potencial del vínculo: ¿Por qué el cuerpo se identifica con ella y la entifica, la cristaliza, detiene un potencial flujo?
En esta lógica de objetos, la interacción se organizará entonces a partir de que a una entidad u objeto dado le resultarán apetecibles o rechazables los otros, en tanto supone que obtendrá del contacto con ellos placer o displacer. Así se arma un circuito polarizado entre lo que denominamos deseo (en tanto expansión, acción de ir hacia otro objeto) y miedo (en tanto contracción, retirada-huida-evitación del objeto).
Necesitamos incluir en este circuito dos variables fundamentales. Una es la capacidad del yo-objeto para operar (en tanto cuerpo, gracias a la función de la mano) sobre los otros objetos concretos del mundo y modificarlos. Otra es la variable tiempo psicológico, como aquella capacidad para recordar el pasado e imaginar-fantasear el futuro. De acuerdo a esto, observamos cómo cada yo-objeto, de acuerdo a los acuerdos que se establecen en la manada de la cual es producto y que lo condicionan, construirá una serie de anhelos, ilusiones, planes (más adelante me encargaré de diferenciar estos conceptos del concepto de deseo) con la creencia de que puede construir el mundo a su antojo.
La lógica del yo, o que hemos llamado de los objetos, entonces, es la lógica que sostiene que un ser humano es una entidad capaz de controlar-modificar su entorno a su antojo, incluso otros seres humanos. Toda la dinámica del poder, la posesividad, la ambición, la competencia, los celos, el dominio, está basada en la creencia de que somos entidades separadas que podemos lograr lo que nos proponemos, punto en el cual los otros serán percibidos como objetos que me “sirven” o no para cumplir con mis objetivos.
Dentro de esta lógica no hay manera de escapar a las coreografías arquetípicas. El otro es un objeto en mi mente, el  Yo (el objeto en mi mente que creo ser) lo desea o le teme, si le teme huye o trata de controlarlo, si lo desea se acerca y también trata de controlarlo!! Todo se complica cuando desea y teme al mismo objeto al mismo tiempo, ja! Y a eso le venimos llamando amor…
Asimismo como el Yo es un objeto en la mente del otro, sospecha que será objeto de dominio y de control con lo cual se protegerá y defenderá. La paradoja insalvable es que ese Yo existe en tanto tal como producto de la apropiación-dominio-control que la manada hizo, y hace en la permanente interacción humana, del cuerpo-cerebro en el cual tiene lugar como circuito neuroquímico…
Entonces hace estrategia, el Yo en sí mismo es la estrategia…
De ahí los pactos inconscientes de control que establecemos entre humanos cuando parece que nos amamos y las luchas encarnizadas cuando decimos abiertamente que nos odiamos y defendemos “nuestra” posición. (No nos olvidemos aquí de lo que llamamos posiciones: ubicaciones en la manada que representan discursos humanos ancestrales o tendencias que se  adhieren al Yo y a los que el Yo adhiere).
Y esta lógica funciona así. No tiene salida. Es inútil tratar de resolver los problemas en este plano, es un doble vínculo. Por lo tanto, la única respuesta posible, como se mencionaba más arriba, es crear un nuevo nivel lógico. Hacer un aprendizaje de nivel III en términos de Bateson.
Así, la lógica del Yo, en todo caso, debería funcionar como interface entre la lógica de la materia y la lógica de la información dinámica, en lugar de quedar amalgamada a la lógica corporal creando la lógica de las entidades-objetos con su dinámica de interacción específica y defectuosa: Entidades separadas, que se vinculan como dos círculos cerrados a través de una línea intentando dominarse el uno al otro, no generando más que paranoia y estrategias de defensa.
¿Entonces?
Entonces, tal vez sea hora de repensar el ser y darnos cuenta de que el yo, la identidad, no puede ser un objeto-entidad cristalizado y cerrado, sino que la identidad inmaterial producto de cada cuerpo es un flujo de información interactiva, esto es, vincular. Se encuentra en el “entre” más de uno y es siempre nueva.
El ser humano es producto de una trama vital en permanente circulación, en permanente estado de muerte-vida. Si soy parte de una red no soy una entidad, en todo caso, en tanto entidad seré un canal a través del cual circula información.
Para que esta idea se instale entre nosotros, tal vez podríamos comenzar a hacernos algunas preguntas en el vínculo mismo:
¿Soy un objeto o soy información? ¿El otro para mí es un objeto o es información?
¿Me dejo informar por el otro o lo manipulo para conseguir los deseos que gratifican al circuito cerebral yo en función de sus proyecciones virtuales?
¿Me ofrezco al otro como información, es decir, me abro sinceramente a dejar circular pensamientos y emociones (que igual son del yo, por eso hablo de interface) o hago estrategia para lograr los objetivos que persigo?
Si el otro es información para mí y yo soy información para el otro, no hay nada que temer. No seré atacada, ni dominada, ni controlada por ese ser, sino que gracias al vínculo que establezcamos posibilitaremos una circulación fluida de información en la red. En esta lógica no hay juicio, no hay correcto o incorrecto, no hay dominio ni control posible. Sólo requiere renunciar a las certezas, a la ilusión de saber quien soy…
Esto es vivido como el sistema cuerpo-cerebro como vértigo, incertidumbre, pero a la vez con una enorme sensación de vitalidad.
Si la existencia es un todo del cual formamos parte, es ridículo empeñarnos en ser un todo completo cada uno. La metáfora (?) de ser seres-neuronas que hacen a una inteligencia más amplia nos obliga a asumir la responsabilidad de hacer fluir la información que somos. Cuanto más entificados-burbujeados-autistas seamos, estaremos generando una arteroesclerosis planetaria.
Creo que hacia allí va la evolución de la humanidad, sentirnos información circulando en red. Pasar de la lógica de los objetos a la lógica de la información.

Vínculo y forma.


Una cosa es el vínculo, el lazo atemporal y amorfo que está sucediendo en algún plano, en algún orden siempre, todo el tiempo, atemporalmente.
Una cosa es que dos seres (para hacerlo más simple, de entrada al menos) estén atravesados por eso: la vida, el orden, lo creativo…una inteligencia universal más compleja y, sobre todo, misteriosa para la mente humana.
Otra cosa es la forma que le damos en el plano físico, material, terrestre, a ese vínculo fuera de tiempo y espacio, porque alguna forma hay que darle, o mejor dicho, en este plano alguna forma toma...
Ese lazo atemporal, ese atravesamiento, atraviesa cuerpos. Cuerpos que son tiempo-espacio. Atraviesa formas que crean formas.
Formas que son reglas de juego, acuerdos, intentos de sintonía que necesitamos establecer, al menos transitoriamente, para ordenar en este plano un encuentro y que pueda desplegarse, complejizarse, enriquecerse.
Sin embargo, nuestro repertorio de formas a veces resulta tan estrecho…
Nuestros traductores del amor son tan básicos…
Sacro traduciendo cardíaco, si lo pensamos en términos de chakras…
Si a eso le sumamos mente, con su incesante elaboración de imaginarios, ilusiones, construcciones del futuro basadas en algún pasado aprendido y anhelado, buscando placer en la recreación de un placer ya acontecido…ya estamos en un lio.
El lío de las formas, creadas a partir del deseo y el miedo. La “elección” de una forma del estrecho repertorio automático en el intento de sintonizar deseos, impulsos, ilusiones diferentes. La caída por default en patrones que estancan la potencialidad del vínculo en lugar de complejizarla…Si nombramos un vínculo: “pareja”, “ex-pareja”, "amigos", “paciente-terapeuta”, “padre-hijo” podemos más o menos orientarnos en lo que hay que hacer…no se invierte mucha energía en explorarlo, se sigue el surco preexistente…Pero…
¿Cuál es el misterio del vínculo? ¿Para qué nos conocemos? ¿Por qué estamos atravesados?
¿Y cuál/es es/son entonces la/s forma/s que le corresponde/n a cada vínculo en el tiempo y espacio? ¿En cada momento de la historia de ese vínculo atemporal desplegado en el plano físico?
Ni idea.
Tal vez, si los cuerpos-formas que encarnan un vínculo están lo suficientemente interesados en él, puedan embarcarse en la aventura de ir averiguando a través de qué formas se puede desplegar, enriquecer, complejizar ese vínculo a través del tiempo-espacio, en lugar de estancarse en la frustración y desilusión del yo cuando una de las formas de expresión de ese vínculo se ha agotado, estancado, trabado o se ha muerto. Porque lo que muere es la forma, no el vínculo, al menos no necesariamente.
La única manera que se me ocurre de explorar las posibilidades de forma de un vínculo es siendo absolutamente honestos con nosotros mismos y con el otro en todo momento. Honestos con lo que ni siquiera sabemos que es real, pero no importa…Ir mapeando el vínculo...haciendo que información que soy circule, se manifieste. 
¿Por qué será tan difícil esto?
Porque tengo un objetivo entonces hago estrategia. Porque tengo mucho miedo a la respuesta del otro. Que no me quiera, que no le guste, lastimarlo, aburrirlo, molestarlo, que se enoje, etc., etc., etc.…Mientras estoy condicionada por la respuesta del otro no soy libre, el otro me tiene dominada y estamos jugando el juego del poder. Mientras estoy condicionada no me queda otra que jugar los juegos repetidos que se dan por sentados, que salen por default. Funcionar en modo automático, económico, por suposición acerca de quién es el otro y que quiere de mí, a asumir lugares, roles y posiciones preestablecidas, pre-asignadas y poco creativas.
Una forma creativa entonces es una forma que está en riesgo permanente,dispuesta a morir porque se sabe transitoria y entonces viva, no cristalizada, eternizada, muerta. Una forma que no deja nada librado a la suposición, porque mantiene circulando la información, chequeando como estamos…cómo vamos, qué nos pasa, qué no nos pasa, qué nos imaginamos, qué nos gustaría…aunque contradigamos al otro, aunque corroboremos que queremos y sentimos distinto.
Eso es explorar el vínculo, buscar la información oculta en ese lazo atemporal misterioso, en lugar de encerrarlo en una forma muerta en pos de cumplir con los anhelos del pasado. ¿Será que allí se encuentra el amor?

Entidad y/o información.

Ahora, todo esto implicaría poder entendernos a nosotros mismos y los unos a los otros más que como entidades-objetos como información, o para no decirlo tan psicotizantemente, como canales de información. En última instancia, en tanto cuerpos-materia seríamos entidades, pero más allá de eso somos información, como el hallazgo de la física cuántica en el que la energía es a la vez partícula y onda. Existiría entonces una lógica, la del yo, personalidad en la cual nos percibimos como entidades, cosas, objetos. Yo soy una entidad rodeada de entidades. Como tal, como entidad, “tengo” determinados deseos y sus concomitantes miedos. Hago planes. En ese plano-dimensión funciono como un robot, a base de softwares que se activan en la trama vincular de acuerdo a posiciones: “Si tal x, entonces yo b”.  Conflicto, tironeo, búsqueda de acuerdo…Escaso repertorio de opciones para la vincularidad, jugamos los juegos posibles. La información más compleja que somos no circula.
Ahora, si estamos pensando que somos parte de un sistema mayor, de una inteligencia de la cual hacemos parte, es ridículo pensarnos como entidades. Somos información en circulación. Pretender cerrarse sobre sí, acumular información e identificarse con ella obstaculiza la circulación, genera trabas, empastes, lo que denominamos habitualmente conflictos y por lo tanto todo el sistema se ve afectado.
La metáfora más pertinente es la de la neurona. La función de una neurona es establecer contacto con las demás neuronas para que la información circule por el cerebro y preste funciones correctamente. Si las neuronas tuvieran un yo y pretendieran apropiarse de la información que ingresa en ellas, identificarse con la información de la cual son conductoras, canal de transporte, dejarían de ser neuronas. Y el cerebro colapsaría. 
Pero entonces son dos lógicas distintas. Por un lado la lógica del yo, de la separatividad, que supone entidades  separadas cada una tratando de cumplir sus objetivos personales y utilizando a otras entidades para ese fin, a su vez tratando de zafar de ser usada por otras y ahí nos encontramos con todo el tema del dominio, control, poder…Por otro lado la lógica de la red, donde lo que soy es información para el otro y el otro es información para mí y lo único que tengo que hacer es dejar que esa información circule, o sea, no mezquinar la información que soy, entregarla y exponerla y no resistirme a la entrada de la información que me llega a través del otro. Hasta ahí llego, más o menos, hasta dejarla entrar…después qué hacer con ella no sé…porque la tendencia del yo será reaccionar, posicionarme y armar  una vez más una coreografía conocida. Tal vez dejar entrar implique que me tome un rato poder percibir qué soy ahora, con esa “in-formación”… Tal vez la interacción que se genere no sea un ping-pong. Básicamente porque esta lógica no implica discutir quién tiene razón y que una de las partes gane…Tal vez por maceración, por hósmosis, por contacto la información se recombina y transforma con su propia velocidad, a su propio ritmo...en este proceso alquímico la voluntad del yo nada tiene para hacer.
Por ahora podemos comenzar por cuestionar nuestra percepción de nosotros mismos como entidad separada, pensar que somos información, y tal vez, en algún momento, nuestros rígidos cuerpos robóticos, dentro de algunas generaciones, lo perciban así. Somos información en circulación reticular.
Tal vez los humanos que podemos pensar esto hoy estemos un un punto de máxima tensión del doble vínculo, en el cual observamos la limitación de la lógica con la que funcionamos pero seguimos percibiéndonos y sintiéndonos como objetos. La incómoda  situación de tener un pie en cada lugar.


Vitalidad y pactos inconscientes.


La energía que nos constituye en tanto entes-vínculo se organiza de acuerdo a una matriz que establece un circuito de cargas entre formas o configuraciones de vivencias humanas posibles que venimos denominando patrones. El pulso vital, en principio amorfo, es escindido y repartido, encasillado y congelado tomando ciertas formas, así se mantiene un cierto nivel de carga, y la homeostasis de la matriz, generando en su constitución misma un juego de luz y sombra, de patrones estancos que no se cruzan, no se mezclan, no se hibridan ni fusionan. Con la metáfora eléctrica diremos que así la matriz mantiene una carga de una determinada cantidad de watts. O sea, el número de conexiones entre patrones es mínimo, la circulación es mínima…Holográficamente, podemos pensar que así como funciona la matriz funciona cada cerebro humano, mínimo de interconexiones entre patrones de circulación neuronal que mantiene circuitos repetitivos, conocidos…eso es el yo sin ir más lejos.
Pues bien, estamos investigando si la circulación de la carga que nos constituye puede encontrar mayor fluidez y dinamismo, en lugar de mantenerse encasillada en formas que reducen al mínimo la circulación y que por lo tanto pueden comenzar a sentirse como poco vitales una vez que hemos dejado caer algunos velos de proyección, algunas ilusiones, una vez que hemos roto algunas burbujas.  En ese caso comienza a hacerse inevitable sentir que ciertos patrones nos quitan vitalidad, nos deprimen, no son para nosotros, etc. Y no desde el juicio de valor acerca de esos patrones, sino desde la inexorable sensación. Hay caminos demasiado faltos de vitalidad para la vibración en la que entramos cuando empezamos a sentir más, cuando se amplía el umbral de sensibilidad. Se hace necesario, sin opción, sin decisión voluntaria tratar de generar circulaciones, formas, más acordes a cómo estamos vibrando. No es una cuestión de juicio, es una cuestión de necesidad, es vibratorio y sin opción. No es porque pienso que eso va a ser mejor, es porque esto no lo soporto más.
Claro que considerar la opción del incremento de circulación (intracerebral e interpersonal, siendo las personas como neuronas de un enorme cerebro cósmico) nos deja al borde de la locura, desorganización, caos, quilombo. Pareciera que el sistema necesita pasar por una fase de desorganización para posibilitar la reorganización fluida, dinámica, hipervinculada, nueva y de otra frecuencia vibratoria. 
La sensación que vengo teniendo últimamente, es que en el plano concreto, el de la materia, de los cuerpos, la organización rígida y repetitiva descansa en el establecimiento de pactos inconscientes que realizamos, podríamos decir para graficarlo de alguna manera, en dos direcciones: Una dirección vertical y una horizontal.
La dirección vertical sería aquella en la que los pactos se establecen entre humanos-cuerpos-yoes  y espectros, espíritus, fantasmas, líneas-redes deseantes añejas que nos poseen y nos habitan, lo que se conoce como karma.
Formas muertas. Formas sin vitalidad propia que intentan permanecer, perdurar y valiéndose de la nuestra. Espectros. Deseos que quedaron sin vehículo para realizarse y se nos cuelan por los poros. Nos poseen, se nos adhieren como sombras e intentan satisfacerse, realizarse. Somos vehículos de ellos.
Espíritus de los antepasados que nos habitan, que anhelan reproducirse y perpetuar a través nuestro una determinada experiencia humana, repetirla una y otra vez. Cadenas-redes de deseo que trazan surcos y poseen cuerpos que, con su lógica independiente de la voluntad del yo, son canal del código de reproducción de los modelos viejos, de formas viejas. Vampiros. Muertos secos que viven de mi sangre.
Sin embargo esta posesión no es pasiva. No somos víctimas. Creo tener la sensación vívida y nauseabunda de que algo en mí ama entregar el cuerpo a los vampiros.
Algo en mí ama seguir animando las cáscaras vacías, darle vida a las imágenes muertas.
Porque son lindas. Algunas formas muertas son formas hermosas.
Ese es el truco de los vampiros. La seducción. Y me dejo seducir por esas formas que en algún momento fueron vitales y no quieren morir. Hay un nostálgico placer en revivirlas. Es seductor, fácil y conocido.  También es algo patético como un viejo de 70 vestido de rockero, pelado y con colita…Crece la oleada de náusea.
Entonces un poco nos asusta a cada uno el despliegue de la potencia que lleva a la locura, un poco hay un deseo de la forma vieja por reproducirse y ahí vamos: pacto. Win-win situation. Todos ganan.
Enterramos al gato en el “Pet cemetery” porque es tan lindo, porque lo queremos mucho… Y creamos zombies.
Pero es lindo el gato!! No quiero que se muera!! Voy a revivirlo…Y es realmente lindo, claro, siempre y cuando no estemos prestando atención a la vitalidad como variable. Hay diferentes modalidades de belleza.
El viaje de la vida se va desplegando a través de un terreno en el cual varios caminos ya están trazados, los surcos que han sido transitados desde lo más remoto del no tiempo. Son los laberintos del terror del Italpark, el fascinante “tren fantasma” lleno de zombies y vampiros que amenazan con devorarnos.
Entonces...deshechizarnos de esas formas hermosas, despedirnos de ellas, dejarlas morir, cremarlas en el fuego de nuestra vitalidad (un poco grasa esta frase pero me parece que es pertinente). Exorcizarnos. Lijarnos las adherencias. Dejar de ser la novia de Drácula.
Pareciera que eso es parte del trabajo que estamos intentando hacer para vibrar de manera más amorosa.

Por otro lado, en el plano horizontal establecemos pactos entre seres humanos-cuerpos- yoes. Este plano o eje está montado o entretejido con el plano vertical. Es el plano concreto, material en el cual la energía vital es traducida básicamente como energía sexual y agresividad (no violencia, agresividad en términos de impulso, acción, movimiento, ir hacia). Energía hecha cuerpo que para moverse y crear tiene que diferenciarse y atraerse.  Deseo.
En el plano cotidiano concreto, entre personas establecemos entonces pactos inconscientes a fin de mantener la homeostasis del sistema, esto es controlar el impulso sexual y agresivo.
En principio, y no tan inconscientemente, más que pacto, el control del pulso se da por jerarquía. El sistema madre-padre es una necesidad evolutiva que posibilita la complejización del pulso. La ley y el filtro anti estímulo permite que los hermanitos, llenos de vitalidad, no se maten y luego, ya mas grandecitos, no se enfiesten.
Pareciera que como colectivo humano eternizamos esta función proyectándola en cuanto ser o situación se nos cruza. Suponemos una presencia madre-padre permanente. Casi podríamos decir que los pactos anti-vitalidad que establecemos en dirección horizontal están sostenidos en el supuesto de la presencia absoluta de este binomio. O dicho de otra manera, en nuestro eterno estatuto de hijos.
Claro que vemos que con este sistema, el pulso fue más reprimido y domesticado que complejizado y elaborado….más bien enterrado en lo inconciente y siempre retornando desde allí en la infinita neurosis planetaria, generando sombra digamos.
En lo que se denomina desarrollo psicosexual desde el psicoanálisis, esto tendría que ver con las fijaciones de la libido. La libido-energía a través del devenir del sujeto se va fijando- estancando en una/s determinada/s zona/s, fijada a un determinado tipo de satisfacción sexual infantil y una y otra vez repetimos neuróticamente esa modalidad de satisfacción por más insatisfactoria que resulte a los ojos del adulto que suponemos ser, por más insatisfactoria que sea para el yo. Así se generan las burbujas que crean la ilusión de separatividad y embotan la sensibilidad capaz de sentir la trama vital de la cual somos parte.
Los pactos de no vitalidad son establecidos como continuidad de la ley y el filtro padre-madre, para controlar el pulso. “Hacemos como si fuéramos adultos” y seguimos siendo niños que se controlan  unos a otros. Pactamos acomodarnos en baja vitalidad-baja sensibilidad. Polarizamos la energía y transitamos los surcos ya andados. Nos organizamos en el eje horizontal entretejidos en el eje vertical con las modalidades desvitalizadas-desvitalizadoras.
Supongo que existe un número considerable de variedades de pactos posibles. Por ahora mencionamos algunos.
Uno de ellos es el pacto de lealtad entre mujeres. La vitalidad-pulso se despliega en la erótica del círculo femenino, dejando al varón afuera. Es el patrón de la cueva.
Luego están los pactos entre hombres y mujeres, por ejemplo: Cuida nido-Susanita. Caballero-Princesa. Amazona-Sacerdote. (A desarrollarse en otro escrito).
Desde esta perspectiva, lo que tratamos de hacer al mapear los vínculos, haciendo circular la información con sinceridad, rompiendo los pactos de control que establecimos inconscientemente. Pactos de una fuerza poderosa que nos eternizan en nuestras posiciones y en las danzas de nuestras coreografías. 
Entonces…
Varios movimientos en varios niveles en simultaneidad: Disolución, abandono, vaciamiento de viejas formas. Incremento de la sensibilidad que posibilita sentir el orden que suponemos. Modificación en la frecuencia vibratoria. Creación de nuevas formas acordes a la frecuencia de vibración. Incremento en la circulación de la información o sea multiplicación de conexiones, reticularidad. Y todo esto en retroalimentación.
Que la matriz adquiera vitalidad entonces, ¿dependería de la ruptura de los pactos de desvitalización que establecemos en ambas direcciones? ¿Ese es el compromiso necesario para no entregar el cuerpo a los espectros desvitalizados del pasado y entregarlo como canal para el ingreso de una energía más amorosa? Vaciarnos para que ingrese el amor.

Desde lo femenino.


Habiendo ya dejado más o menos claros algunos conceptos más abstractos acerca de lo femenino y lo masculino como principios, en otros escritos (Algunas reflexiones…), quisiera adentrarme ahora en una investigación   más concreta y más trillada, el famoso tema de peluquería y revista “Para ti”: los hombres y las mujeres, las mujeres y los hombres.
De todas maneras, me parece fundamental, para que esto no sea una reproducción literal de la charla de peluquería, no perder de vista el contexto que nos ubica a todos, hombres y mujeres, como meros representantes en el plano físico-terrestre de los dos principios fundantes de la Creatividad de la Vida.
Principio femenino. Mujer. Madre. Receptividad, apertura, simbiosis, vagina, útero, cueva, copa, cuenco,  flor, agua, tierra, luna, emoción, sentimiento, toda forma hueca como matriz, toda forma con tendencia a cerrar, oxcitocina…
Principio masculino. Hombre. Padre. Acción, penetración, discriminación, pene, espermatozoide, lanza, espada, aire, fuego, sol, mente, razón, toda forma punzante, toda forma con tendencia a dar salida, testosterona…
Una vez más, no nos dejemos engañar, el hecho de que necesariamente exista un recorte diferenciante no implica que uno y otro principio no estén indefectiblemente imbricados. Son el uno del otro, la otra cara de la moneda, es decir, pensemos en polaridades. Mientras hable de la vivencia femenina (la única de la que puedo hablar con algún grado de certeza desde mi posición en el mundo) queda implícita la vivencia masculina complementaria. En el adentro y en el afuera.
Sucintamente, pero dejándolo dicho para que no se nos escape, hablar de hombres y mujeres concretos vinculándose es, a la vez, hablar de un diálogo interno en cada uno de nosotros, es hablar del vínculo animus-ánima (conceptos jungianos), de cuán integrados, o no, estén ambos principios en el psiquismo de un ser humano.
A inicios del siglo XXI, estamos en un momento de, pareciera, integración de polos, hibridación, etc. lo cual implica un momento de transición, transformación, etc. en los vínculos. Y estamos perdidos. Se nos hace difícil. Los viejos patrones ya no sirven, los nuevos están en proceso de constitución, en nuestros cuerpos, en nuestras mentes, con nuestros cuerpos y nuestras mentes.
Será que lo que está sucediendo en la humanidad es análogo a dos galaxias colisionando. Será que los roles no son tan lineales y complementarios en el plano concreto hoy en día. Será que estamos a las puertas de un nuevo orden de cosas para lo cual tenemos que estar dispuestos a morir al orden viejo.
Las diferencias visibles en el plano físico, de los vínculos concretos entre personas, ya no respetan la linealidad de los dos principios opuestos y complementarios en estado puro. Es más complicado porque, claro, hablamos de principios, entonces un hombre es un ser que lleva en sí un principio femenino y uno masculino y una mujer es un ser que lleva en sí un principio femenino y uno masculino…Volvamos al contexto, principios, no hombres y mujeres. Primera falacia.
Entonces, repito, no estaremos hablando de hombres y mujeres considerando que cada uno es representante de uno de los dos principios de la Creatividad, es más complejo que eso…
La creatividad y la evolución complejizaron la cuestión. Los roles no están tan diferenciados, no son exactamente opuestos y complementarios. Las mujeres comenzamos a desarrollar el principio masculino interno que es en parte constitutivo. Los hombres comenzamos a desarrollar el principio femenino interno que es en parte constitutivo. Cuando un hombre y una mujer reales se encuentran se encuentran cuatro modalidades de principios femenino-masculino.
Sin embargo y más allá de esto, el único lugar “real” desde el cual puedo hacer una investigación después de todo, es mi cuerpo, esto es, una mujer terrestre en estado de conciencia durante principios del siglo XXI. Me toca bailar en este momento de la evolución de la especie como representante del principio femenino…y que se puede decir de eso…veremos.

Algo más acerca de la histeria femenina.
Mujeres terrícolas de principios del siglo XXI. Nos venimos preguntando una y otra vez, en la peluquería y en el mate con amigas los domingos por la tarde “¿Por qué son así los hombres?”. Pregunta que es prologada por una serie de infinitas quejas acerca de sus fobias, su miedo a perder la libertad, sus dificultades con el compromiso, su poca colaboración en el hogar y el cuidado de los niños, su incesante búsqueda de otras mujeres, sus miradas desviadas hacia otros culos mientras les hablamos, sus dificultades para hablar de lo que sienten, su falta de sensibilidad ante nuestras necesidades afectivas... Otras, tal vez las que parecen ser más masculinas en apariencia, podrán quejarse de sus celos, su control y posesividad, su intento de dominio, su poca solvencia, su inmadurez, su actitud de hijo eterno, el vínculo del cristiano con su madre: La suegra!! Y más o menos, sean libres de agregar lo que aparezca en sus mentes, estas son las cuestiones.
Ahora, si tenemos en cuenta el contexto del cual venimos hablando, no podemos ser tan unilaterales. Tenemos que incluirnos e implicarnos en el cuestionamiento y replantear la pregunta de las chicas de la peluquería. Finalmente entonces, nos terminamos preguntando: “¿Por qué es tan difícil el encuentro entre hombres y mujeres? ¿Por qué (contextualicemos una vez más) en el planeta Tierra a principios del siglo XXI, el vínculo entre estos dos principios complementarios se hace tan complejo? Doloroso incluso…
Desde otros escritos ya (ver “Humanidad: manifestación y vehículo del Amor”) me vengo preguntando  por qué es tan difícil el encuentro entre humanos, sin discriminar género. Hablé de neurosis-burbuja-coraza como modalidad que refuerza el yo separado y que vela la vincularidad como fundamento.
Entre las neurosis (burbujas, corazas) que allí se mencionan, no desarrollé algo que me propongo investigar un poco aquí: La histeria.
La histeria viene siendo considerada una posición subjetiva (el concepto de posición subjetiva es más amplio que el de psicopatología e implica una modalidad de ubicarse con respecto al deseo organizando una determinada trama vincular alrededor) básicamente femenina.
Sintéticamente podríamos decir, desde los desarrollos de Lacan, que esta posición subjetiva (burbuja-coraza del yo) se organiza  a partir de una pregunta acerca de “la otra” mujer. Es decir, nos encontramos con una mujer que no se dirige en el plano del deseo hacia el hombre como objeto erótico (carácter genital), sino que “sigue” enganchada a otra mujer para darse un lugar o, podríamos decir, para darse una determinada identidad. La pregunta del yo acerca de quién es, “¿quién soy?”, es respondida a través de una comparación con otra mujer: “Soy lo que ella no es” o “Soy como ella” (plano especular-imaginario del yo). El hombre, como objeto de deseo erótico, sería una mera excusa para establecer la contienda con la otra.
¿Qué lejos del amor, no? Eso es lo doloroso con lo que nos encontramos cada día en los vínculos.  Qué lejos de que el otro sea un sujeto, par, con quien puedo encontrarme para evolucionar y crecer (tanto el otro como la otra eh). Claro, el tema es que en esta ecuación, yo misma, mujer, soy un objeto porque si no, no sé que qué soy. Seguimos en el mundo de los objetos, o sea, en el mundo del dominio-control/sumisión. El mundo cerrado del yo.
Desde este orden de cosas, el de la neurosis, imposible responder creativamente a la pregunta de la peluquería.
¿Entonces? Entonces intentaré desentrañar los recovecos de esta burbuja neurótica. De nada vale que nos llenemos la boca de pancartas idealistas acerca del amor y el encuentro si no nos enfrentamos antes con las armaduras de las que estamos hechos para evitar el pánico yoico de sabernos vínculos.
Primero lo primero. Curarnos de nuestra linda neurosis, que, mal que mal, nos trajo hasta aquí muchachos. O muchachas debería decir hoy, parafraseando a una vieja amiga mediática que nos mandaba a hacernos el Papanicolaou (se me cayó una sota, no?).
Entonces voy a arrancar por el principio e investigar cómo el lado femenino de la humanidad ha ido desarrollando una modalidad de funcionamiento que, mujeres del siglo XXI, llevamos impresa en las células, en las imágenes y sonidos que constituyen nuestros inconscientes personales, en los discursos, de palabras, pero más que nada de gestos sutiles, que se reproducen desde los primeros tiempos en lo inconciente colectivo.
Un poco de filogénesis.



Memorias de una hembra mamífera.
Hagamos el ejercicio de pensarnos en aquel estadío de la evolución de la especie en el cual éramos seres menos complejos y en tanto tales, más fieles al principio puro.
Sociedad primitiva (o manada de mamíferos).
Las mujeres reunidas, juntas, en la caverna, cocinando, amamantando, pariendo y comenzando a desarrollar algo así como conversaciones, cantos…
Mientras tanto, los hombres afuera, cazando. En grupo, estudiando el terreno, calculando dimensiones y tiempos para efectivizar la caza. Corriendo, desplazándose, explorando, yendo más allá de los confines de la caverna para conseguir comida…
Comida para que cocinen las mujeres, para alimentar a los niños, último eslabón de la red creativa de esa sociedad.
Hombres y mujeres en colaboración, en cooperación, en creación (que siempre es co-creación… ¿para que inventaron esa palabra? Como si la creación pudiera ser un acto solitario…) de un grupo, sociedad, red.
Los principios estaban allí bien diferenciados.
Y las modalidades primitivas están impresas en la memoria. Toda mujer del siglo XXI posee dentro (o es poseída por) una mujer de las cavernas.
Todo hombre del siglo XXI posee dentro (o es poseído por) un Neanderthal cazador.
¿Entonces, qué nos pasa hoy cuando nos encontramos?
Voy a tratar de pensarlo haciendo un inevitable recorte. Soy mujer. Y voy a hablar desde mi experiencia.
Tengo en la memoria, en cada una de mis células, el olor de la caverna. La piel transpirada de mis hermanas, de mis madres, de las hijas. El hollín, el humo, la sangre, la leche…
Tengo el recuerdo del placer de ser iguales, la seguridad y la calma de entendernos con la mirada. La cooperación en las tareas cotidianas, en la defensa de los posibles peligros externos, los animales, las lluvias, la nieve. La preparación del fuego, la cocción del alimento. El abrazo en los momentos difíciles, en los partos: el miedo y la muerte acechando. Los gritos. El llanto.
Tengo la memoria de ser una niña. Jugar libremente corriendo entre las piernas de mis madres. Respirando los aromas de la cueva. Recuerdo las risas de cuando los varones y las mujeres solo éramos niños. Las madres nos reunían para comer.
Tengo la memoria de los cantos, juntas, esperando…
Tengo la memoria de la ansiedad por la llegada de los hombres.
Los hombres, los distintos, llegaban de sus viajes, de su caza. Todo se alborotaba. Las mujeres nerviosas. Los hombres hambrientos. Recuerdo ser pequeña ante sus enormes cuerpos, recuerdo sus voces tronando.
Traían cosas nuevas, desconocidas, fascinantes. Recuerdo la fascinación por descubrir lo que llegaba con ellos. La curiosidad. Los niños, los varones, mis hermanos, los acompañaban a ver las novedades. Nosotras no, las madres nos llamaban a volver cerca del fuego. Era el momento de la cocina.
Ellos traen la comida que nos alimenta.
Y llegan heridos, cansados, necesitan ser recibidos, atendidos, curados… Y no vuelven todos. Los más viejos quedaron en el camino, también los más débiles.
Ellos no son como nosotras, hace mucho que partieron y regresan desde lugares lejanos, lugares que ni siquiera podemos dibujar en nuestra mente.
Son raros, sus movimientos son diferentes a los nuestros, más bruscos, ocupan mucho espacio. Despiertan a los niños con sus vozarrones. Y su olor…es otra cosa. Tengo la memoria de lo fascinante y aterrador que es lo distinto, lo diferente.
Ese ciclo se repitió centenares de veces. Ya no soy una niña. Tengo la memoria de mis pechos cobrando volumen, la sangre corriendo entre mis piernas, como la de ellas. Soy una de ellas. La excitación de la espera es distinta ahora. El miedo ante la llegada es distinto ahora.
Es tan excitante tenerlos de vuelta, con sus relatos de lo que hay más allá de los confines de la caverna…agua, montañas, animales. Hablan de  instrumentos nuevos que fabricaron para la caza, para cruzar las aguas, cosas nuevas, desconocidas…
Y sus cuerpos fuertes, grandes, amplios. Mis hermanos ya son de ellos, ya no se puede jugar, ahora sus diferencias se notan. Miedo y excitación.
Necesidad de estar cerca, ser tomada por esos brazos…pero pueden lastimarnos…son tan distintos. También es cierto que nos darán nuevos. Deseo, miedo. El embarazo trae nuevos, pero también la muerte.
Y ellos llegan y quieren tocarnos, ser atendidos en sus heridas, dormir sobre nuestros vientres. Están excitados, quieren acostarse con nosotras, descargar su carga. ¿Con todas? ¿Con quienes? Somos muchas. Las niñas han crecido. Las más viejas han perdido a sus compañeros y los hombres jóvenes ya no las eligen. ¿Es un privilegio ser elegida?
Ya no soy una niña. Ellos me miran con una mirada extraña. Me excita. Me asusta. Ellas, mis hermanas, mis madres, también tienen una mirada que me asusta. Me empujan a ir hacia el varón pero hay advertencia en sus miradas. Las más viejas miran mis pechos nuevos, que aún no han amamantado, miran el deseo en los ojos del varón. Ellas ya no son elegidas. Han perdido su poder…
Hace tiempo la sangre denunció el poder de mi vientre. Es nuestro deber entregar nuevos al clan. Es el deber de las más jóvenes. Debemos entregarnos a la brutalidad del varón. Pero los nuevos serán nuestros.
Ambivalencia. Nosotras. Ellos.
Cuando uno de ellos nos elije traicionamos a nuestras iguales. Las abandonamos. Abandonamos el calor de la igualdad, la complicidad del trato diario, de compartir juntas las lágrimas y la sangre.
Ellos nos arrancan de nuestro grupo de hermanas. Excitación, miedo.
Son fascinantes, sorprendentes, despiertan la curiosidad y soy una mujer curiosa. Pero son distintos, no los conocemos, son desconocidos.
Pánico de abandonar el calor de las iguales. Pánico a traicionar y ser excluida. Ser elegida por un varón es ser excluida del clan de las mujeres, el clan de todos los días, las compañeras permanentes. Las que están siempre. Con las lágrimas, con la sangre. Con el placer y el erotismo de la igualdad.
Los cuerpos hermanas, los cuerpos madres, sus olores, sus texturas…ellos no entienden el placer de ese contacto. El erotismo escondido en el aliento de las mujeres que somos una sola. Simbiosis. Placer. La sangre corre entre las venas. Los cuerpos húmedos junto al fuego. La leche, la sangre…
Ellos se irán y nosotras quedaremos solas, a la espera otra vez. No podemos traicionarnos, debemos permanecer unidas. No quiero perder el placer de latir al unísono con los cuerpos hermanas-madres. Ellas tampoco. Hay un pacto silencioso entre nosotras.
Te debes a tus hermanas. Somos nosotras las que estaremos cada día acompañándote, somos tus iguales, no olvides este calor. Las consecuencias serían devastadoras. No se puede salir de la caverna y seguir a los distintos, ellos vienen cuando vienen, traen lo que necesitamos y se van…
Entonces sellamos el pacto. Traeremos nuevos. Ellos volverán a irse y estaremos juntas otra vez. Hermanas, iguales.
No teman a mi juventud, no teman a mi fertilidad, no teman al deseo del hombre sobre mi cuerpo. Será usado al servicio de las hermanas. No nos robarán el calor.
Ellos, con toda su fascinante novedad, serán solo un instrumento. Son demasiado diferentes, sus brazos son demasiado fuertes, su furia es demasiado aterradora.
Debemos dejarlos tranquilos, satisfechos, contentos y afuera.
Nunca sabrán del pacto silencioso que nos une en la caverna.
Tengo la memoria de los partos. De un nuevo y otro saliendo de mi vientre.
Tengo la memoria de la leche corriendo por mis pechos y los nuevos alimentándose. De mí, de mi cuerpo. Tengo la memoria de ser alimento.
Los hombres siguen yendo y viniendo. Ya no hay deseo en sus ojos al mirarme. Mis hijos han partido con ellos. Siempre supe que así sería. Son distintos. Siempre lo fueron.
Mis hijas siguen aquí. Ahora son ellas las elegidas.
No tenemos que permitir que las más jóvenes se vayan. Veo la tentación en sus ojos. Esa misma tentación que se encendía en los míos ante la novedad que traían los distintos. Se tientan…tenemos que poder convencerlas y seducirlas. El miedo es nuestro aliado.
El miedo gana la batalla a la curiosidad y el deseo. Tenemos un truco. Nunca sentirás el calor y la unidad que sientes con las madres y las hermanas. Ellos siguen teniendo algo que necesitamos, pero podemos tenerlo sin perder nuestro calor. Sin romper nuestro pacto. Sabemos cómo conseguirlo, apropiarnos de ello y desecharlos, para que no rompan nuestra unión, no queremos conflictos entre nosotras. Somos lo único seguro que tenemos, a nosotras mismas cuidando de nosotras mismas.
Podemos conseguir lo que necesitamos porque… son tan débiles. Sucumben ante el calor de nuestras piernas rodeando sus caderas. El poder del sexo es nuestro. Podemos hacer que se queden para que ayuden con los nuevos. Para que nos defiendan de las fieras desconocidas. El poder del sexo puede hacer que se queden. Pero que se queden por fuera.
Tenemos el poder del sexo.
Tenemos el poder del vientre.
Nos temen. Tanto como nosotras les tememos.
No entienden el misterio de nuestros vientres.
No entienden el control en nuestro sexo.
Como nosotras no entendemos su fuerza, su capacidad para vivir allí, fuera de la cueva, bajo el cielo abierto y aterrador y entre las fieras salvajes y asesinas. Como no entendemos sus lanzas y sus flechas. Tememos a sus manos que pueden destrozarnos la garganta. Tenemos que engañarlos. Seducirlos, convencerlos…debemos mantenerlos satisfechos y engañados.
Si quisieran podrían matarnos.
A veces,  la tentación de establecer un pacto con un distinto, un hombre. Trata de arrancarme del clan, trata de llevarme con él. El poder del sexo, a veces, no puede ser controlado. Un distinto, a veces, es una tentación muy grande.
Su mundo, su fuerza bruta…traicionar a las madres, traicionar a las hermanas. Ser la elegida por el distinto. Ser joven, deseable…el poder del vientre propio…no entregar al nuevo al clan…una traidora. Una excluida. Una distinta.
Sola. Frío. El hombre se irá.
¿Quién soy sin mis madres-hermanas?

Entonces…
Para mejorar la calidad del encuentro femenino-masculino, necesariamente tenemos que limpiar la manera de vincularnos entre mujeres.
A partir de la caverna, seguimos desarrollando variantes y aparece la bruja, princesa, reina, y demás arquetipos de lo inconciente colectivo. Importante tenerlos en cuenta a la hora de relacionarnos para ver qué o quién nos está poseyendo cuando reaccionamos. Podemos reconocer desde dónde reaccionamos, lo cual no impide que reaccionemos, pero sí que podamos ir más allá de esa reacción para vincularnos desde un lugar más abierto, no desde la proyección, sino desde el corazón.
Tiempo después, más allá de las sociedades tribales, podemos dar un salto y volver al análisis más clásico del triángulo edípico. Allí, la niña luchará con la madre por el amor del padre dicen los libros. Me parece que no se trata de amor en realidad, sino más bien de reconocimiento, ser reconocida en una identidad, en un lugar.
Mientras la niña es una niña, todo más o menos se va organizando en su psiquismo, de manera simbólica, de acuerdo al patrón que la lleva a salir de lo conocido y seguro, de lo igual-materno para ir hacia lo desconocido-distinto-paterno. Un viaje de adentro hacia afuera, con el miedo y ansiedad que ello conlleva. Parece que no hay mucha más ciencia que eso si, en esa familia concreta creadora de una tal hija, nos encontramos con una madre, o principio materno circundante, que no transmita un temor excesivo a la salida, que no tenga en su psiquismo inscripto como altamente peligroso el encuentro con el hombre y con el afuera.
Así las cosas vamos bastante bien. Ahora: ¿qué pasa cuando esta niña comienza a convertirse en mujer? La madre envejece y ella comienza a adquirir los atributos femeninos que la hacen deseable sexualmente en el plano concreto. La hija se convierte literalmente en “la otra” para la madre. De ahí todos los cuentos de hadas donde la bruja entra en competencia con la doncella (Blancanieves, Rapunzel, etc).
Si no quiero ser devorada por la bruja-madre entonces debo someterme a ella y, una vez más, firmar el pacto de lealtad femenina. Sin embargo, nótese que es lo mismo ser devorada por la madre que quedarme enredada en la caverna disfrutando de la erótica pegajosidad con mis hermanas-madres,  así que no podemos hacernos las víctimas cuando nos dejamos devorar. Éste parecería ser un movimiento regresivo delicioso en un punto, que implica la memoria del útero. Entonces, si logro atraer un hombre, no será para irme y salir de la caverna de su mano, será para traerlo al clan femenino, le quitaremos lo que necesitamos de él y seguiremos juntas, unidas, sin conflictos entre nosotras.
El pacto del clan de brujas-amazonas, es extraer del hombre su virilidad para apropiarnos de ella. De ahí el mito de la mujer castradora, fálica. De ahí las sirenas de Ulises, las hadas que embriagan a los hombres y los dejan estúpidos y sin posibilidad alguna de acción. Grupo de mujeres unidas en su erótica y segura igualdad corporal, apropiándose de lo masculino necesario para la continuidad de la existencia, pero sin ingresar al hombre en la ecuación, eso no haría más que romper la unidad de mujeres. Sería ingresar un principio discriminante a la gozosa simbiosis. Sería acotar con testosterona las conexiones eternas de la oxcitocina.
Entonces, muchas veces, casi todas, lamento decir con náuseas en la boca del estómago, cuando las mujeres seducimos a un hombre, a los hombres, a todos, nos guste el quía en cuestión mucho o nada, en realidad no estamos buscando un vínculo con ese hombre. En realidad estamos tratando de ser miradas y reconocidas, estamos tratando de darnos una identidad discriminada que no tenemos si no es a través de esa mirada. Si un hombre me mira, soy más linda que ella, soy más deseable, entonces soy…porque ella es…Inevitablemente, el lazo energético invisible es con “la otra mujer”. Y la identidad dentro de la simbiosis tiene que estar dada inevitablemente por comparación porque ésta no implica una discriminación clara.
Nuestra identidad está constituida en la simbiosis, no es la identidad diferenciada de cada una, porque justamente, identidad implica diferenciación y diferenciación es el principio masculino. Darnos una identidad diferenciada entonces parece ser de una dificultad enorme. No nos constituimos yoes por cuántos mamuts logramos cazar, o por cuán alto logramos escalar. Somos un solo cuerpo con las otras. Lo que nos saca de ahí es el varón. Su mirada y su reconocimiento. La identidad femenina es determinada por la pertenencia al grupo de mujeres o, en el caso de ser una traidora o de realizar cierta salida al mundo, siempre desde el lugar de la mirada del hombre que autoriza esa identidad.
El varón hace identidad en la cacería. Cuando mata a un mamut tiene una vivencia de ser, de estar en el mundo, de centro. Cuando pelea con otro hombre y objetivamente gana. O hasta si pierde, construye una identidad de perdedor pero de acuerdo a un criterio objetivo, porque es un criterio abstracto acordado entre los hombres.
La identidad de la mujer está dada de manera más lábil, móvil porque el clan de mujeres no tiene criterios acordados objetivados. Depende de la mirada de las otras, cambiante según la posición que se vaya ocupando. Ser la elegida traidora, ser la entregada al clan…Fuera del clan no hay identidad posible, solo la identidad que autoriza el hombre…(en otro ensayo voy a meterme con el tema del padre partiendo desde aquí, pero eso excede el alcance de este escrito)
Otra cuestión entonces es esa del “como si” nos relacionamos con hombres, parece que sí, pero no, no hay encuentro real. Son objetos para mantener algo de la circulación femenina.
En términos de desarrollo de la sexualidad, en este sentido, nos encontramos con una sexualidad infantil. Adolescente como mucho. No es una sexualidad que me lleva a un encuentro con el otro diferente, a una entrega, a un intercambio. Sigue siendo una sexualidad autoerótica, masturbatoria, por eso infantil. Además sigue siendo una sexualidad y un erotismo primario porque al ser femenino es vinculado a la madre. Entonces otra vez, el camino es crecer, madurar, salir del nido enfrentando el miedo a lo desconocido. La fuerza del deseo ganándole a su contracara.
Y allí entonces, si una mujer establece un vínculo con un hombre, salta la manada femenina y dice: “Vení, vení, vení, ¿Adónde te crees que vas?” Por eso van a ir a seducir a ese hombre, para que la otra no se vaya y no abandone la manada, no por el hombre sino por no perderla a ella. Por eso también el movimiento típico de las mujeres de asegurarse el sufrimiento, la insatisfacción permanente… “Los hombres no te pueden satisfacer, vení con nosotras y lloremos juntas…”, y la otra, la que intentó la salida responde: “Claaaro, me quedo con ustedes llorando, ellos no saben nada…”

Ahora pregunto: ¿Podremos mujeres del siglo XXI darnos una identidad a través de otro movimiento?
No la identidad del clan femenino de brujas simbióticas indiferenciadas…ni la identidad de “la mujer de” tal o cual hombre… O la identidad de niña, eterna hija entregada al padre para salir un poco del clan de mujeres (ya expliqué que esta opción será desarrollada en otro escrito, no me da para tanto el psiquismo hoy!)…No la identidad de la que toma mate en la peluquería y se regodea en sus eternas insatisfacciones con respecto al otro dentro del círculo de amigas (a ver si de pronto un día es feliz y se queda sin nada de qué hablar)…
¿Podremos darnos un yo lo suficientemente firme y flexible para prescindir de las comparaciones? ¿Establecer un vínculo con una mujer bella e interesante que no incluya la comparación?: “¿Es interesante ella pero… yo lo seré más?...A ver, si me mira ese hombre significa que sí…Sino no…” y entonces me derrumbo psíquicamente.
¿Podremos algún día mirar a otra mujer, una mujer hermosa, más que nosotras mismas desde los cánones de belleza programados, y en lugar de pensar “que hija de puta, porque no la matan”, contemplarla con la misma emoción que contemplamos una hermosa flor o un atardecer, como una hermosa creación de la vida?
¿Podremos escuchar alguna vez al hombre con quien estamos compartiendo cierta etapa de nuestra vida elogiar a otra mujer y no sentir que se nos estruja el plexo, que se nos despierta la fiera asesina que quiere matar a esa mujer aunque sea nuestra mejor amiga y cortarle el miembro a ese por atreverse a hablar de alguien más?
Otra vez más el cardíaco y el entrenamiento en modular la reacción. Escuchar, respirar hondo, sostener el impulso de la reacción asesina loca. Evitamos una escena de gritos y escándalo, la consabida escena de celos y no queda otra, esa energía sostenida se eleva hacia el cardíaco y nos vuelve más amorosas, en otros términos, menos neuróticas. (Claro que siempre reconociendo la existencia de ese impulso, no reprimiendo y negando. Hacerse “la cool” tampoco funciona. Ya lo he intentado.)
Y desde ahí, sólo desde ahí, se podría establecer un vínculo genuino con un hombre. No porque él con su mirada es el garante de mi identidad, no porque me confirma diciéndome que soy mejor que las otras, más linda, más inteligente, más divertida…
Estoy cansada, de hecho, estoy dolida, al ver que seguimos funcionando así.
La histeria femenina, la eterna insatisfacción en el vínculo con el hombre y la competencia con la otra mujer, es el resultado de no romper el pacto, de no salir de la cueva, de quedarse en el lugar seguro y conocido donde todas somos una, iguales y ellos, los distintos, son entretenidos por un momento, son novedosos, huelen bien…pero… nos dan miedo.
Entonces, vuelvo a mi pregunta, ahora planteada con menos neutralidad: ¿por qué es tan difícil para una mujer el encuentro con el principio masculino? (No estoy hablando ahora sólo de hombres y mujeres, sino del desarrollo del principio masculino interno a toda mujer)
Porque nos asusta.
Porque es nuevo y distinto.
Establecer un vínculo con un hombre (en el mundo externo concreto y en el interior del psiquismo, no puedo dejar de aclarar que igual es lo mismo) no con un garante de cierta identidad, es aterrador. Reconozcámoslo. Es distinto. Es diferente. Es un misterio. Me lleva a salir de la cueva. Me lleva a separarme de mamá y las chicas. Me lleva a recorrer lugares lejanos, diferentes, desconocidos (lugares desconocidos de mi misma) y me da vértigo.
Porque el mundo de lo femenino tiene un placer secreto y seguro que temo perder, no debo traicionar a mis iguales, corro peligro. Necesito mi seguro y conocido lugar-cueva-envoltorio-burbuja-coraza-neurosis.
A lo masculino no lo entiendo. No sé cómo funciona, como piensa, que quiere, que va a hacer, si se va a quedar, si se va a ir, si me va a tratar bien o mal, adónde me va a llevar, adónde voy a ir a parar, en qué me voy a convertir, quién carajo soy…
Y si igual no somos nada, de que nos preocupamos tanto.
Tal vez solo tiene algo de sentido ocuparnos por encontrarnos de verdad. Y encontrarse de verdad no es ni simbiosis ni soledad. Como siempre, como todo doble vínculo, no se resuelve eligiendo uno de los dos caminos que se ven como posibles. Solo se resuelve sosteniendo la tensión entre ambas partes a fin de que algo nuevo se produzca allí, la famosa salida creativa, la famosa subida en espiral, la famosa no sé qué…porque sólo se resuelve en el vínculo.
En los vínculos entre mujeres, esforzándonos por discriminar en la simbiosis. Por poner palabras a lo que nunca decimos, a nuestros pactos tan efectivos porque son silenciosos.
En los vínculos entre hombres y mujeres, trabajando para limpiar los miedos.
Estamos ante un doble vínculo. La respuesta no es ni quedarse adentro ni salir y alejarse.
La mujer de la cueva no sale de la cueva. Le contesto a un varón que me preguntó al leer estas líneas.
La que sale de la cueva y puede volver a entrar, ir, venir y volver, es otra mujer.
En un intento por darle vida a esa otra mujer estoy escribiendo esto, sintiendo que son unas líneas más de una conversación humana que existe y tiene que existir. La eterna conversación entre los principios diferenciados pero indivisibles femenino y masculino.











Algunas reflexiones del vínculo masculino-femenino.

Principios opuestos auto-engendrados por y para la Creatividad de una “Totalidad”:
Podemos pensar al Universo o la Vida como un Todo o Totalidad organizada a partir de dos principios básicos complementarios: Lo masculino y lo femenino. Dos subdivisiones autogeneradas en y por la Totalidad, necesarias justamente para que esa Totalidad sea tal, es decir, dinámica y creativa.
La división o diferenciación en principios opuestos complementarios posibilita que una Totalidad no sea una masa amorfa estática sino que sea una trama creativa en constante expansión y movimiento, a través del entretejido que se da entre los dos principios diferenciados. Sólo así puede crecer, moviéndose desde las dos separatividades impulsadas a reunirse.
En cada punto de unión, en cada encuentro existe el potencial de lo novedoso.
Podemos imaginar una hipotética masa de energía amorfa que se auto-divide en tubos, cordones o hebras constituidas cada una por un principio complementario puro. En sus diferencias, las hebras pugnan por unirse, se encuentran y se entrelazan produciendo una recombinación de los principios. La Totalidad entonces sería el entramado vincular permanente entre dos principios opuestos complementarios que buscan unirse a partir de sus diferencias (o faltas).
La amorfa masa energética uniforme no existe en tanto tal, la suponemos en nuestra necesidad de pensar linealmente, en nuestra dificultad para pensar  al vínculo como fundamento. Dificultad que estriba en el miedo que sentimos ante lo dinámico, lo creativo, que está en permanente cambio y movimiento. Pero, una vez más, me lo digo de mil maneras diferentes: Totalidad=Vínculo, no existe una sola entidad “completa”. Una sola entidad completa estaría muerta, no sería creativa, entonces no sería Totalidad-Vida. La única “entidad completa” entonces sería el vínculo, aunque con esta idea estemos entrando en terreno paradojal (terreno más creativo y correcto según Winnicott, por ejemplo).
Terreno de lo paradojal donde el uno es tres. Es un ente que son tres. Todo uno es tres.
Nos desespera tratar de imaginar cuándo empieza la secuencia: “¿En el dos que se hace tres y forman uno? ¿En el  uno y uno que hacen otro y son tres?”. Nuestra mente anhela poder hacer un corte en el flujo creativo y decir: “Así arrancó”. No podemos evitar pensar linealmente, de acuerdo a la lógica temporal. Por lo menos, a esta altura de la evolución humana esa es la modalidad de pensamiento que hemos desarrollado.
Pero para acceder a esta idea tenemos que romper con la lógica de pensamiento temporal-lineal y pensar en sincronicidades, simultaneidades. Tenemos que pensar mandálicamente, en redondo, tratando de sentir el fluir dinámico imposible de frenar. Tratando de sentir que lo dividido es indivisible (paradoja!) porque está vinculado.
Retomando, el vínculo es una recombinación de los principios diferenciados y es en sí algo que no es ninguno de los dos principios Por eso digo que es algo “nuevo” aunque ya decir nuevo nos lleva otra vez a la lógica temporal-lineal, tal vez sería más correcto decir diferente. Tal vez debemos pensar mandálica y sincrónicamente y linealmente a la vez…
 En fin,  en la recombinación y entremezclamiento de los principios básicos (masculino-femenino) emerge algo diferente pero que conserva la base de los dos principios. Hay reproducción pero hay creatividad, ambas cosas. Hay reproducción porque algo no cambia, permanece constante y se repite. Hay creatividad porque hay  un código organizador que es código de muerte, es decir, los dos principios puros atraviesan necesariamente una muerte desde el punto de vista de su estado “original” para amalgamarse-fundirse-hibridarse y dar lugar a lo creativo, nuevo-diferente.
Estoy hablando aquí de un plano abstracto, donde la calidad de ese vínculo es un vínculo al que podríamos llamar de Encuentro.
Hay Encuentro cuando hay muerte de la forma anterior y es el Encuentro lo que posibilita la creatividad o la aparición de lo nuevo y diferente.
Otras maneras de vincularse, cuando la parte-principio no se rinde a la muerte y se cristaliza como una posición que se niega a hibridarse, lo único que hay es repetición eterna de lo igual y por ende desvitalización.
Lo vital entonces, es lo que se entrega a la muerte para dejar entrar lo diferente.
En este sentido, yendo a un plano más concreto pero no personal,  el espermatozoide y el óvulo mueren como tales para dar lugar a la aparición de un nuevo ser, cada uno de nosotros, por ejemplo. 
Otra vez el tres en la base. Y ese “nuevo” uno que es, a su vez, tres, va a encontrarse con otro uno-tres/principios vinculados encarnados.  Si este fenómeno de combinaciones y recombinaciones de las hebras es sostenido, lo “nuevo” se multiplica. Así se va tejiendo la Red de la Totalidad, a través de anudamientos de triángulos.
Basta recordar el diseño de un árbol genealógico.
A nivel concreto, en nuestra experiencia cercana como seres humanos, en el mundo físico, estos dos principios quedan encarnados en hombres y mujeres (ver “El Amor...” como la energía al bajar de velocidad  toma diferentes formas en diferentes planos).
El vínculo entonces implica necesariamente a la sexualidad. El resultado concreto más evidente de ese vínculo sexual es un nuevo ser, el hijo, nosotros, y así sucesivamente, la creatividad, expansión y crecimiento de la Red, de la Vida, es incesante. Podríamos pensar que las relaciones sexuales que no conducen a la creación de un hijo, sí conducen, o pueden conducir, al encuentro y como tal, a la recombinación y expansión de la energía en el orgasmo. Esa energía generada es “nueva”, diferente, está en movimiento y entonces, en ese sentido, desde el plano físico producimos un movimiento en el plano sutil que entrará en una secuencia de retroalimentación de planos. El concepto central al que hago referencia es al de dinamismo y movimiento como fundamento de lo creativo-expansivo-vincular.
Para que la expansión sea tal, tiene que complementarse en la retracción y generar un movimiento pulsátil. Esa es una constante de la Vida que se observa en  toda la naturaleza. Hasta la estructura del Viaje del Zodíaco nos lo muestra.
Crecimiento y creatividad  implica entonces un nivel necesario de discriminación y diferenciación en pos de un vínculo-encuentro. Eso es Totalidad. Eso es el único acercamiento posible al confuso concepto de “completo” (Ver “Triangularidad y nombre del…”).


Alquimia: Saliendo de la lógica ganar/perder gracias al neo-cortex para abrir el cardíaco.
Muchas veces, sin embargo, parece que el vínculo se reduce a una lucha en la que alguna de las partes gana y otra pierde. Es lo que podemos denominar como lucha de poder o patrón de dominio.
¿La idea es discutir y que una de las partes gane la discusión o la idea es sostener diferentes miradas que posibiliten la emergencia de algo diferente (nuevo si lo pensamos en términos temporales)?
Creo que no es posible pensar en una parte (cultura, civilización, persona, etc.) que gane sobre la otra. Nunca. Esto es lo intrínseco al vínculo. Cada parte es, necesariamente, incompleta, fragmentaria, “castrada”…porque eso es justamente lo que implica el vínculo. Porque esa incompletud de la parte, el hecho de que sea una parte, es lo que posibilita el crecimiento-creatividad-evolución-complejización, de la Totalidad.
Es por esto que es una falacia la idea de pelear y que una parte gane sobre la otra. El ganar y el perder son fragmentarios y momentáneos, tiempos de desequilibrio inherentes a todo proceso de crecimiento, avance, evolución (de una persona, cultura, civilización, especie, teoría…). Es el tiempo en el que el pie izquierdo está más adelante que el derecho para poder caminar. Dura lo que el derecho tarde en pasar por delante del izquierdo.  Así se camina, así se avanza…
Desequilibrio y acomodación decía Jean Piaget, dedicado a estudiar el desarrollo de los procesos cognitivos-mentales y de construcción de conocimiento.
La que sigue pensando en términos de ganar/perder es nuestra mente, que no entiende al Amor como fundamento y al vínculo como única “unidad-entidad” posible (vínculo=entidad: paradoja!!). Nuestra mente que sigue sosteniendo la existencia de entidades completas en sí mismas rebelándose contra toda evidencia. Nuestro yo, que es justamente aquella función del ser que lo piensa como una parte completa y por lo tanto pierde la perspectiva opuesta, la de la unidad vincular, el yo no puede ver al ser como algo abierto porque en ese mismo punto se deshace y deja de existir.
Retomando el principio, aunque pelearse sería una manera de vincularse, es una muy poco creativa, implica un vínculo o una relación entre posiciones cristalizadas que pujan por dominarse una a la otra, por ganar. Muy distinto es vincularse desde la búsqueda de un Encuentro, sintonizarse en las diferencias. Esto implica una modalidad de vínculo creativo y superador de la lógica del dominio-control. Encontrarse no es pelear, tampoco es tratar de ser iguales.
Encontrarse sería que ambas partes discriminadas y diferentes de la Totalidad entren en sintonía. Que puedan mantenerse abiertas la una a las vibraciones de la otra y viceversa  y así  potenciarse mutuamente, dando lugar, inevitablemente a la aparición de lo nuevo y desechando, matando, lo que es viejo y ya no sirve.
En realidad, pensándolo bien, ya existe un concepto para nombrar a este proceso: Alquimia.
Para que se produzca, es necesario incluir lo que denominamos código de muerte. Esto es que las partes se dejen atravesar por la muerte en tanto tales, que estén dispuestas a abandonar las posiciones, a morir a un orden de cosas. Entonces, lo nuevo emerge gracias a la combinación de las partes que dejan de existir como tales, se hibridan, se amalgaman.
Nuestra modalidad actual, nuestra mente, es la mente de la competencia. Competimos por la energía, nos cerramos sobre la porción de energía que creemos poseer y tratamos de dominar y controlar porque no tenemos confianza en que hay suficiente y para todos. Es la parte de cerebro reptil que conservamos (límbico) = patrón dominio-sumisión, que imposibilita la alquimia, imposibilita la creación o emergencia de lo nuevo y solo busca la reproducción fiel de la posición para eternizarla (código de reproducción) porque es más cómodo, más fácil, no da vértigo ni miedo y porque estamos encariñados con nuestras posiciones, nos dan una identidad, un lugar definido, quieto y seguro en la imparable y cambiante trama vital.
Si no le temiéramos al abandono de nuestras amadas posiciones que nos dan un lugar y una identidad, si pudiéramos soltar la energía que acumulamos en esas construcciones (corazas-burbujas neurótico-autísticas) ante el terror a deshacernos, si pudiéramos convencernos de que lo que se deshace no es lo tan importante y pudiéramos sentir que hay energía en abundancia y que entonces controlarla y acumularla en una posición no tiene sentido, si pudiéramos permanecer abiertos y dejarnos atravesar por la energía, la cosa sería muy distinta. Permanecemos abiertos, soltamos energía hacia el otro y recibimos la que se entrega (flautas de “La Humanidad…”). Nos entregamos los unos a los otros. Las energías se encuentran y se produce el espiral en ascenso, el salto cuántico, el nuevo orden de cosas. La Alquimia.
Desde ahí podemos encarar un vínculo más abierto que puede potenciarse y evolucionar. Que puede instalar una diferencia en la reproducción porque las partes se permitieron morir en el orden de cosas anterior. Esto es código de muerte. Dejarse atravesar por la muerte es lo único que posibilita la vida. En ese sentido decimos que desde allí se puede producir un crecimiento en espiral. Una vez más, muere una supuesta entidad para hibridarse-fundirse-amalgamarse con otra y dar lugar a una nueva. Igualmente, paradojalmente otra vez, la entidad en tanto tal nunca había existido. Era una construcción de la mente necesaria para sostener una coherencia en el intercambio (yo) pero SIEMPRE había sido el vínculo.
Parecería que la clave para esto, siendo humanos, cuerpos físicos, yoes en un nivel, estaría, entre otras cosas, en modular la reacción. No reaccionar. La reacción es siempre del yo, es siempre defensiva y en tanto tal, cerrada y destinada a cerrar. Inhibir la reacción (que en términos de chakras es del plexo y no del cardíaco) obliga a ensanchar el cardíaco.
La reacción puede ser modulada en el ser humano gracias al funcionamiento del neo-cortex y el desarrollo del lóbulo frontal, encargados de inhibir los impulsos animales básicos. Estas inhibiciones, que en un principio fueron represiones masivas que respondían a preceptos morales y mandatos religiosos, que tantas consecuencias negativas generaron (uno de los desequilibrios necesarios a lo largo de la evolución), hoy pueden ser puestas al servicio de la inteligencia vincular. En términos de chakras, con la inhibición y sostén de la reacción del plexo, se genera un quantum de energía acumulada que necesariamente, para encontrar una salida, abre espacio en el cardíaco y así, algo se acomoda. Ahí algo se vuelve más amoroso.
Ese sería también el misterio de la sexualidad como ya se esbozó más arriba. Orgasmo = pequeña muerte…Pero esa investigación la dejamos para otro momento…


Triangularidad y nombre del padre (o como hacer posible el contacto con otros planos de realidad sin enloquecer).


Estamos en estructuras triangulares de entrada.
La simbiosis sería solo una situación de incremento del flujo energético (libidinal) entre dos puntos del triángulo, pero la eliminación total del tercer ente, del tercer punto, es imposible, se caería la estructura.
De esto hablaba Lacan, creo entender, y debemos cuidarnos de malentender al Complejo de Edipo como sólo algo efectivo en la historia de un sujeto a partir de que se convierte en un niño que puede circular y vincularse efectivamente con sus padres, formando un visible triangulo. El hecho de que esto suceda en lo concreto no quiere decir que esta estructura matemática-geométrica, de orden de cosas preexistente, este patrón, no constituya la base simbólica-energética a toda estructura vincular humana.
De hecho, el lenguaje, la estructura simbólica que organiza, ordena, incluso CREA percepción, emociones y entidades; la estructura sutil en la cual violenta y necesariamente, como manada, hacemos entrar a un bebé cuando nace, ya que lo preexiste y lo crea en tanto sujeto,  ya implica un tercer punto en sus relaciones con el medio todo. El vínculo nunca es directo, nunca es real. Es siempre una virtualidad creada por el/los cerebros humanos en acción condicionados/organizados  desde esta estructura.
Nacemos en un estado de indefinición, de entrelazamiento y mezcla con todo lo que existe, vivimos en un espacio de inclusiones recíprocas desde la percepción misma y ese código-lenguaje (lo llamo código en términos cibernéticos haciendo alusión a una suerte de programación computacional que se da en el cerebro a partir de la interacción humana) al cual violentamente  ingresamos al nacer, permite que comencemos a percibirnos como entes recortados del entorno y que empecemos a recortar otras entidades  rompiendo así esa simbiosis, ilusoria en un nivel, el del código, real desde otro nivel, el de la energía (en términos de la física moderna que da cuenta de que la materia es, en última instancia, vibración energética en baja velocidad). El plano sutil-energético sería un continuo vibracional con diferencias de intensidad, que, para ilustrar de alguna manera, iría descendiendo  en su velocidad de vibración hasta materializarse. La percepción del cerebro de entidades materiales depende del ingreso al código. Al nombrar, ponerle un nombre a todo, empezando por uno mismo, se recorta el continuo existencial de vibraciones yuxtapuestas en un orden secuencial de entidades discriminadas.
El código-lenguaje-plano simbólico es el tercero que discrimina en este plano de la existencia que denominamos plano sutil-energético.
Ciertamente en el plano ya incluido en el código, plano de las personas, seres humanos como entidades concretas, plano imaginario según  Lacan, plano de la autoconsciencia, el plano del yo y de los vínculos especulares, desde ahí nos parece, ilusoriamente, que un niño y su madre están en una simbiosis que el padre debe venir a cortar de alguna manera efectiva. Erróneo de cabo a rabo. Esto sigue siendo algo sutil, en este sentido, inconciente, del plano simbólico. Esa madre debería estar convencida de entrada, por estructura, de que no generó a ese niño en sus entrañas desde su propia solitaria creatividad, sino que lo co-creó con otro. Su función de protección y nutrición, de anidamiento no la hace la única creadora. No existen ni la creadora ni el creador, existen los dos creadores complementarios.
El problema central con el que nos encontramos es que este orden de cosas no está instalado en el código, no es simbolizado contundentemente en ninguna estructura del lenguaje o arquetipo del inconciente colectivo. No existe un discurso ni una imagen ni un arquetipo que proponga el triángulo como estructura sin conflicto. Es muy fuerte la creencia, que se filtra en un sinnúmero de fallidos y actuaciones de la vida cotidiana humana, de que nacemos de una madre, mientras el padre es una entidad distante, lejana, misteriosa de la cual se desconoce la función específica.
Día a día observo  mujeres que creen  ser dueñas de sus hijos  porque son sus creaciones y que el padre es un simple accesorio al cual agradecer los servicios prestados, en el mejor de los casos, o bien comportarse como la viuda negra, mujeres que al convertirse en madres ya se sienten lo suficientemente completas y poderosas, como para que se haga efectivo y concreto el desecho del padre. Así, seguiremos reproduciendo esta estructura a través de los milenios. Polarizando el lado femenino y masculino del mundo, sin encuentro, sin triangulación.
Esto es otra manera de hablar de la castración, o la envidia del pene, pero… a ver si lo explicamos más fácil y lo podemos ver sin tanta palabra concreta que, como sabemos remite a otra cosa y según mi parecer rebaja el entendimiento al plano concreto cuando es simbólicoooooo!!!
El tema es que en el lenguaje, en el código, en los arquetipos del inconciente colectivo occidentales no tenemos como organizar la idea de un triángulo, de un padre, una madre y un bebé creado por ambos. No hay. Hay madre, hay padre y la única familia simbólica en la que puedo pensar es la Sagrada Familia: madre sin sexo embarazada por un meta padre (su propio padre en definitiva) y el pobre señor que la acompaña…pero sin mucha influencia sobre ese niño ni sobre la humanidad. El padre, en el plano simbólico, es el padre de la madre que entrega un hijo al linaje. No son un hombre y una mujer en encuentro sexual creando vida.
Las teorías acerca del origen en el niño, el desarrollo de la fantasía primaria (escena fantaseada acerca de la propia concepción) vienen cargadas de misterio, de ambivalencia, de perturbación por exceso de excitación. El niño inscribe psíquicamente en primera instancia que viene de “la panza de la mamá” y la función del padre queda desdibujada. La transmisión del relato acerca del propio origen que se hace a un niño, viene cargada de vergüenza, temor, pudor, porque remite a la sexualidad. Se borra entonces el encuentro sexual borrándose así al padre, que será incluido e inscripto como co-creador tiempo después. ¿Cómo se transmite a un niño que es creación del amor? ¿Del deseo en última instancia? Del encuentro, del vínculo sin que esto sea perturbador para su constitución psíquica. Es un trabajo de los adultos, es una responsabilidad que implica una limpieza acerca de nuestros prejuicios con la propia sexualidad.
En el plano imaginario (porque claro, lo real es un ir y venir energético en continuo al que podemos darle forma desde las estructuras simbólicas para percibirlas imaginariamente como las percibimos, concretas y “reales”) se traducen en madres que capturan a sus hijos, no les dan espacio más allá de ellas, convencidas de que son las únicas que saben, las únicas con derecho, a intervenir sobre ese niño. Más menos intenso, más menos convencimiento y certeza, más menos patológica la cadena familiar, tendremos una psicosis, un sujeto que no logra simbolizar (en su psiquismo, mente, circuitos neuroquímicos cerebrales, cadenas-redes significantes, pensamiento, inconciente) que el padre tiene algo que ver en la creación de la vida. Estaremos ante alguien que no entra en el código común a todos que posibilita la discriminación de entidades recortadas de ese magma común de energía amorfa sutil (real). Eso es la forclusión del nombre del padre y la imposición del deseo loco de la madre de Lacan, que en términos arquetípicos jungianos tendrá que ver con el complejo materno, y las oscuras formas que toma la madre,  y el complejo paterno, y las distantes o fallidas intervenciones del padre.
Freud, que observaba en la clínica y descubría observables, no desarrolló la estructura universal que abarcaba a todo lo que observaba, eso es una genialidad de Lacan (por eso digo que lo suyo es una filosofía universal y abarcativa, porque propone un simbólico universal en el que estamos todos inmersos), a partir de allí la angustia de castración se despega de la concreta angustia que un niño concreto, a nuestros ojos, puede sentir por el miedo a que le corten sus genitales y más allá de la envidia concreta que puede sentir una niña porque los niños tienen algo que cuelga y se mueve y ella no. El complejo de castración pasa a ser, a partir del reconocimiento de la diferencia de los sexos, que no somos completos, hombres o mujeres, que la humanidad no se sostiene en su existencia si no estamos unidos y en intercambio, en vínculo, y en ese sentido en diferencia. Conservar la bisexualidad inconciente quiere decir seguir creyendo que podemos hacer el mundo solos, que no estamos organizados en estructuras vinculares principalmente triangulares. Implica que sigamos sintiendo temor e idealización por los padres lejanos y temor y atracción por las madres devoradoras, que sigamos reproduciendo ese discurso, ese patrón, ese modelo inconciente donde no existe la circulación de a tres, aliviadora, calmante, más cierta y en concordancia con lo que biológica y concretamente sucede. Somos resultado de un vínculo, siempre hubo dos antes que uno, siempre fuimos tres, siempre somos tres.
Claro que acá nos enfrentamos con las concretas dificultades de esas inscripciones en el inconciente personal, es decir, llegar a construir una imagen de cuerpo de un solo sexo, aceptar lo que llamamos castración (que no es tal sino una realidad de existencia de dos principios complementarios) y aceptar entonces la necesidad de ir al encuentro con otro, desconocido, distinto, con el miedo y la angustia que esto genera. Y esto no se hace un día a los tres años, hay inscripciones y re inscripciones, momentos claves de la adolescencia, del inicio de la efectiva actividad sexual. Existen las dificultades concretas que conlleva modular la excitación sexual en nuestra cultura, excitación que nos desconcierta desde la más tierna infancia. Pero este tema podemos dejarlo en suspenso para un próximo escrito.
La cuestión es que esa información, la de la triangularidad inherente al principio de la vida, es improcesable, insimbolizable y reproducida ad infinitumm al tratar de formar una pareja. Los conflictos de dominio y poder aparecen “necesariamente” porque nos creemos individuos uno, no entendemos de lógica vincular. En el triángulo edípico creemos que somos uno con mamá o uno con papá o ellos dos juntos y yo quedo resignadamente afuera, no sabemos circular. Tememos por nuestra integridad como uno, en tanto somos uno cuando hay otros, pero solos o con más de un otro, sentimos que nos deshacemos corporalmente. Nos creemos uno solo, una entidad cerrada que trata de relacionarse con otra entidad cerrada y nos da tanto miedo la apertura que dominamos, queremos ser completos y entonces queremos dominar, que no nos muestren la falta (Lacan) sería que no nos muestren que somos vínculo, que solos no existimos. Castración, falta…¿es necesario seguir usando esas palabras que mal explican todo? Puedo entender que sea así porque en una zona del inconciente personal, todo se vivencia a partir del propio cuerpo y sus experiencias… o tal vez porque el psicoanálisis conceptualizó a partir del estudio de psicopatologías para curarlas y es desde la psicopatología que lo vivimos así, desde la psicopatología global humana. Pero si nuestro objetivo actual fuera una investigación más profunda y nueva, sería bueno poder empezar a mirar desde otra óptica y a elegir terminología más adecuada.
Entonces, hasta que hombres y mujeres del mundo occidental no comprendamos el misterio de las estructuras triangulares no podremos salir de la neurosis global (ver envoltorios neuróticos), digo neurosis con suerte, porque de hecho, creo que más que neurosis todos tenemos excelentes sistemas de barreras autistas creadas para no entrar en contacto con los otros, otros seres y otros registros o dimensiones de la realidad.  De hecho, cuando nos acercamos a ellos entramos en fases fóbicas, cuando no paranoides. Una pena…aquí es donde aparece el miedo, miedo irreductible del deseo, o del desear para hablar con más propiedad, porque ese desear es justamente lo que rompe la simbiosis que nos da ilusoriamente base existencial. Desear que solo puede existir gracias a la estructura de lenguaje y pensamiento, de representación mental, de código, digo, el desear tiene que ver con un más allá (más allá del la madre o campo materno, representado por el padre), con la proyección de algo que existe en otro lado o en otro tiempo por fuera del concreto en el que se está, lo cual solo puede existir en el pensamiento, en el lenguaje, en el código, en la representación mental.
Aclaro que con triangularidad no me refiero a lo concreto de armar vínculos de tres amantes, aunque esto tampoco queda descartado ( porque vamos, el discurso nos permite mentir y ocultar pero eso existe).  El punto es la triangularidad de yo y el otro y su familia de origen, yo, el otro y su trabajo, yo, el otro y sus amigos, sus intereses y pasiones...y viceversa, yo, mi madre y mi padre, yo mi madre y mi hermano… y ahí ya no puedo ni pensarlo porque es donde se arma la red infinita del mundo de las formas, red de triángulos. Red de circulación infinita. Hipervinculación que tal vez sea lo que solemos llamar amor.
La diferencia que aparece, que se introduce al triangular es lo insoportable, lo distinto, lo peligroso…el tercer punto que negamos para mantener la ilusión de simbiosis, o la ilusión de unidad-entidad completa. Simbiosis que sostiene un nivel del narcisismo. ¿Por insoportable no logramos simbolizarlo a pesar de su innegable existencia?
No sabemos soportar la diferencia del otro. Nos enamoramos endogámicamente, narcisísticamente, de los iguales y nos quedamos en la misma manada unigeneradora de todo, o nos enamoramos de un extranjero para apropiarnos de su producto, llevarlo a la manada de origen…todos los problemas entre nueras y suegras. Vamos camino a la hibridación desde siempre y eso es lo que nos cuesta, nos aterra.
Mientras tanto, tenemos que darnos cuenta de que estas cosas van sucediendo a nivel concreto en nuestros cerebros y que parece que los nuevos patrones, arquetipos, discursos, el nuevo simbólico, tiene que ser bajado al plano concreto través de inscripciones sinápticas en los cerebros de todos, escribirse en lo originario (Aulagnier), en el cuerpo, posibilitar un cambio en la química cerebral de todos, nuevos patrones en todos los órdenes, en todos los planos, en todos los registros de la realidad,  en la dimensión simbólica, de los patrones inconscientes compartidos por todos organizados a través del lenguaje, el código y los arquetipos del inconciente colectivo. El plano imaginario, de lo concreto cotidiano, de las personas y los objetos. El plano real, de lo sutil-energético, que no podemos captar en tanto tal porque no tenemos los programas perceptivos para hacerlo pero que sabemos que está y tiene efectos, el plano astral y el plano etérico de la antroposofía.
Si pudiera dibujarlo haría un magma mezclado de luces, gases, energía en movimiento con color y sin color, remolinos transparentes que toman formas variadas, de más sutiles a más físicas en los cuerpos, cuerpos que a su vez emanan sutilezas a ese campo, como un círculo de retroalimentación, como un circuito de una misma energía vital que a mayor velocidad no tiene forma ni propiedades discernibles por los programas perceptivos humanos, pero que a su vez nos constituye como tales.  Cuanto más lento el movimiento de la energía, cuanto más resistencia encuentra en otra corriente antagónica, más estable es la forma que toma y de ahí, nuevamente se sutiliza y toma velocidad. Circulación entre polos. La energía adquiere una determinada forma de acuerdo a ciertos patrones, patrones a través de los cuales circula y se manifiesta establemente. El tema es… ¿Porqué toman las formas que toman y no otras? Pareciera que a medida que se complejiza o se hace más intensa la energía en circulación en el plano sutil, las formas en que la organizamos en el plano concreto no alcanzan. Como cuando una molécula de agua alcanza el punto de hervor, las condiciones del medio hacen que el estado de la energía se modifique lo que lleva al estallido de la molécula de agua y su consecuente cambio de estado. En eso estamos como especie entonces, en eso estamos como parte del sistema solar, cambian las condiciones del medio, la vibración energética del magma indiferenciado y entonces necesitamos generar nuevos patrones de circulación o mejor dicho, necesitamos captarlos y transformarlos en imagen, discurso palabra, para generar nuevos canales de circulación en lugar de mantener las mismas formas rígidas que llevarían al irremediable estallido… ¿O será que tienen que estallar y ya?
En este punto creo que empezar a generar el arquetipo o el discurso o la imagen inconciente, la posibilidad de representar el vínculo generador y existente en el uno, si podemos instalar eso posibilitamos otra circulación.
Estructura de lenguajes, no de lenguaje, no solo el lenguaje discursivo humano, sino los lenguajes sagrados, el tarot, la astrología, lo que en términos de sistema podemos llamar interface, que se ubica entre dos planos de ordenes distintos de cosas y los vinculan. La matemática.
¿El doble vínculo se genera porque falta una variable que genere circulación? ¿Un tercer punto que permita salir de ese plano del problema, en términos de aprendizaje? Incluir otro término en la ecuación, o mejor dicho ver el término que está en otro plano y escapa a nuestra percepción y que hace que la operación sea otra.
Y ahí nos encontramos con el arquetipo máximo de los humanos en tanto mamíferos, salir del útero protector para encontrarnos con lo nuevo, con la angustia y el terror que esto implica. Esta situación en fractal nos deja ver como nuevamente armamos un útero y de ahí no queremos movernos a menos que algo nos saque de allí porque ya no nos alcanza y de ahí la metáfora de la molécula de agua en hervor. Salimos de un nido hasta que nos damos cuenta de que estamos en otro nido mayor y así sucesivamente.
Claro, el tema es que también es mucho más fácil para nuestras limitadas mentes manejarnos en un solo plano de la realidad, bah, poner la intención y la atención consciente del yo en un solo plano, porque en realidad nos manejamos sin darnos cuenta en todos los planos simultáneamente.
Al registro imaginario lo podemos llamar el plano del yo, el de los seres humanos y su autoconciencia replegada sobre sí (narcisismo) desde donde nos vinculamos con otros seres humanos autoconscientes. En ese registro nos movemos conscientemente y desde ese registro accedemos al inconciente personal a través de sus efectos (síntomas, fallidos, elecciones de objeto, etc.). Sin embargo los otros planos actúan, sin que podamos ser conscientes de ellos o percibirlos, por lo menos no todos los seres humanos, por lo menos no la mayoría de nosotros.
Cuando alguien se psicotiza, se brota psicóticamente, podemos decir que pesca algo de otro orden de la realidad, entra en contacto con otro plano pero, en su intento de hacerlo inteligible se da una interpretación delirante, paranoide, o se asusta por las sensaciones con las que se encuentra, o queda atrapado en una vida en ese otro plano donde tiempo y espacio (que implica cuerpo) tienen otra organización, desconectado de la realidad concreta cotidiana compartida por todos. Eso es porque algo de la función coherentizadora del yo no logra cumplir su función, función imaginaria de ligadura al plano imaginario. ¿Podría ser porque ese yo no era de entrada lo suficientemente fuerte o estable por tener una tendencia a despreciar la ley? ¿O que su potencia discriminadora no era suficiente? es decir que la función paterna o el nombre del padre estaba pobremente inscripto, que ese cerebro no logró organizar un patrón sináptico discriminante o diferenciante lo suficientemente estable, al cual poder recurrir en toda ocasión en un ir y venir entre planos de realidad? que ese cerebro no está ligado al resto del cuerpo, el cuerpo está pobremente inscripto sinápticamente en el cerebro? el yo, en última o primera instancia, es un yo corporal.

Entonces… ¿Cómo se logra constituir en un sujeto una función coherentizadora-discriminante lo suficientemente estable y firme, en este caso firme significa también flexible, como para poder prescindir de ella por momentos y así poder entrar en otros registros de la realidad y volver?
En principio, me atrevo a decir que generando seguridad en la triangularidad. Y de ahí, permitiendo que el amor y el placer sea lo que enmarca la existencia en los primeros tiempos de un sujeto y en cada uno de los momentos de su reestructuración narcisista, es decir asumiendo con menos miedo la locura de la sexualidad, aceptando la intrusión de la diferencia (me doy cuenta mientras escribo de que estoy hablando “sin querer” de una operación a realizar por el lado femenino del mundo especialmente). Este patrón se tiene que formar en esa conciencia de vínculo y la verdadera conciencia de vínculo se da cuando se puede circular en triángulo y eso es solo posible en la presencia del amor. Una circulación amorosa implica una vivencia  placentera ante el ingreso de lo extraño, hacer entrar la diferencia sin resistencia y sin temor.
Como si un niño pudiera decir, no tengo miedo de ir hacia el mundo de papá (externo, desconocido, extraño-Urano) porque papá y mamá (Luna) están en unión, entonces puedo ir y volver. Para poder ir y volver de diferentes planos de realidad sin perderme-enloquecerme, tengo que poder triangular. Vivir lo distinto como no peligroso ni amenazante ni quebrante de la supuesta simbiosis, eso es la inscripción del nombre del padre (Lacan). Entonces puedo ir y venir de distintos planos de realidad sin volverme loca. Plano simbólico, de la abstracción y plano real de la energía sutil y sus entidades, sin entrar en interpretaciones delirantes.
 Y esto, en términos de chakras, probablemente se logre abriendo el cardíaco, generando una vincularidad desde el corazón.